EL APOCALIPSIS Y LAS PROFECÍAS DEL FIN DEL MUNDO

EL CLAMOR DE LOS SANTOS MÁRTIRES

INTERPRETACIÓN  CAPÍTULO VI - VERSÍCULOS 9 - 11


“Cuando abrió el quinto sello, divisé bajo el altar de los sacrificios, las almas de los que fueron degollados a causa de la palabra de Dios, por haberla proclamado. Se pusieron a gritar muy fuerte: ‘Dominador santo y justo, ¿hasta cuándo estarás sin hacer justicia y pedir cuentas por nuestra sangre a los habitantes de la tierra?’ Entonces les dieron a cada uno un vestido blanco, diciéndoles que esperarán todavía un poco, hasta que se completara el número de sus hermanos y compañeros de servicio, que deben ser muertos como ellos”

El “quinto sello” guarda relación con el “quinto mandamiento” de la ley de Dios: No Matarás. En este pasaje, como en el fragmento del toque de la quinta trompeta del Apocalipsis, se habla de muerte y violencia. El mundo moderno se ha olvidado del quinto mandamiento. Vivimos en la cultura de la muerte, auspiciada por fenómenos nunca antes vistos durante la historia universal, como: El aborto, la eutanasia, el terrorismo internacional, el narcotráfico, el consumo de drogas adictivas, el satanismo, etc. No podemos ser cómplices de ninguno de estos fenómenos. Dios es el autor de la vida. Solo en Cristo tenemos vida eterna. Ningún asesino tiene vida en sí mismo. El que odia a su hermano no está en comunión con Dios. El que guarda resentimientos en su corazón se hace hijo del diablo, porque el diablo ha sido un asesino de hombres desde el principio. Así es, porque así está escrito:

“Ustedes tienen por padre al Diablo, y quieren realizar los malos deseos del Diablo. El es asesino de hombres desde el principio. No ha permanecido en la verdad. Cuando habla, de él brota la mentira, porque es mentiroso y padre de toda mentira”
San Juan 8, 44

“El que no ama, permanece en la muerte. El que odia a su hermano, es un asesino; y, como lo saben ustedes, en el asesino no permanece la Vida Eterna”
I Juan 3, 15

En la antigüedad, se recogía la sangre de los animales inmolados bajo el altar de los sacrificios. Para Dios, el sacrificio de los santos mártires de todos los tiempos tiene un valor incalculable en el reino de los cielos:

“divisé bajo el altar de los sacrificios, las almas de los que fueron degollados a causa de la palabra de Dios, por haberla proclamado”

En Dios se mezcla de forma perfecta el amor y la justicia. No puede haber amor sin justicia, ni justicia sin amor. Los santos mártires del cielo claman a Dios justicia para los que habitan la Tierra, porque de hecho: Los primeros ya disfrutan de la gloria de Dios por toda la eternidad:

“Se pusieron a gritar muy fuerte: ‘Dominador santo y justo, ¿hasta cuándo estarás sin hacer justicia y pedir cuentas por nuestra sangre a los habitantes de la tierra?’ Entonces les dieron a cada uno un vestido blanco”

Antes de la llegada de Cristo a la Tierra, ya existían mártires que habían entregado su vida por amor a Dios, como lo describe Nuestro Señor Jesucristo:

“Pues tiene que recaer sobre ustedes toda la sangre inocente que ha sido derramada en la tierra, desde la sangre del Santo Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, al que mataron en el altar dentro del Templo”
Mateo 23, 35

Los profetas de la antigüedad claman justicia a Dios por la violencia desatada en contra de la palabra de Dios, anunciada desde el antiguo testamento. Desgraciadamente, no fueron los últimos a los cuales se les hizo derramar sangre inocente. En tiempos de San Juan, la persecución sobre la iglesia era enorme. Los cristianos eran considerados, simplemente, como una secta separada de la religión de la época: La religión judía. Después de Cristo y a través de los siglos, han sido muchos los mártires que han entregado su vida en testimonio fiel del evangelio. A éstos últimos se refiere el autor del Apocalipsis, cuando escribe:

“diciéndoles que esperarán todavía un poco, hasta que se completara el número de sus hermanos y compañeros de servicio, que deben ser muertos como ellos”

Dios no se alegra por el terrible martirio y el asesinato sistemático de sus servidores. Dios le entrega al hombre la potestad y la libertad para obrar, según sea su voluntad. El ser humano siempre tendrá la opción de escoger entre la luz o las tinieblas. Los fariseos y el imperio romano decidieron perseguir la comunidad cristiana de los primeros años, porque ellos prefirieron la oscuridad de satanás, en vez de elegir la luz de Cristo. Nuestro Señor se lamenta, profundamente, por esta abrumadora iniquidad; que aún continúa repitiéndose en nuestros días en diferentes partes del mundo, tal como está escrito:

¡Jerusalén, Jerusalén! Tú matas a los profetas y apedreas a los que Dios te envía. ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina recoge a sus pollitos bajo las alas, y tú no lo has querido!
San Mateo 23, 37

Señor Padre Todo Poderoso y Eterno permite la conversión de los pecadores de este mundo. Que cesen de una vez y para siempre: Las persecuciones y las herejías contra tu Iglesia Católica en todo el mundo, especialmente, en los países musulmanes y comunistas. Te lo pido por los méritos de la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, quien vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

PRÓLOGO

ANTECEDENTES HISTÓRICOS E INTERPRETACIÓN

CAPÍTULO I - Versículos Uno al Tres: COMIENZO DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO I - Versículos Cuatro al Ocho: SALUDO A LAS IGLESIAS DE ASIA

CAPÍTULO I - Versículos Nueve al Once: PRESENTACIÓN DE JUAN A LAS IGLESIAS

CAPÍTULO I - Versículos Doce al Veinte: VISIÓN DE JUAN DE JESUCRISTO GLORIOSO Y RESUCITADO

CAPÍTULO II - Versículos Uno al Siete: MENSAJE A LA IGLESIA DE ÉFESO

CAPÍTULO II - Versículos Ocho al Once: MENSAJE A LA IGLESIA DE ESMIRNA

CAPÍTULO II - Versículos Doce al Diez y siete: MENSAJE A LA IGLESIA DE PÉRGAMO

CAPÍTULO II - Versículos Diez y ocho al Veinte y nueve: MENSAJE A LA IGLESIA DE TIATIRA

CAPÍTULO III - Versículos Uno al Seis: MENSAJE A LA IGLESIA DE SARDES

CAPÍTULO III - Versículos Siete al Trece: MENSAJE A LA IGLESIA DE FILADELFIA

CAPÍTULO III - Versículos Catorce al Veinte y dos: MENSAJE A LA IGLESIA DE LAODICEA

CAPÍTULO IV: LA GLORIA DE DIOS PADRE TODO PODEROSO

CAPÍTULO V: LA ENTRADA DEL CORDERO A LA GLORIA DE DIOS

CAPÍTULO VI - Versículos Uno al Ocho: LOS CUATRO JINETES DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO VI - Versículos Nueve al Once: EL CLAMOR DE LOS SANTOS MÁRTIRES

CAPÍTULO VI - Versículos Doce al Diez y siete: EL DÍA DE LA IRA DE DIOS Y EL FIN DEL MUNDO

CAPÍTULO VII: LA MULTITUD DE LOS SALVADOS

CAPÍTULO VIII: EL TOQUE DE LAS CUATRO PRIMERAS TROMPETAS DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO IX: EL TOQUE DE LA QUINTA Y SEXTA TROMPETA DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO X: LA PROCLAMACIÓN DE LA SANTA PALABRA DE DIOS

CAPÍTULO XI - Versículos Uno al Catorce: LOS DOS TESTIGOS DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO XI - Versículos Quince al Diez y nueve: EL TOQUE DE LA SÉPTIMA TROMPETA DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO XII: LA MUJER Y EL DRAGÓN

CAPÍTULO XIII: LA BESTIA Y EL FALSO PROFETA

CAPÍTULO XIV: LOS CIENTO CUARENTA Y CUATRO MIL EN EL MONTE SIÓN

CAPÍTULO XV: LAS SIETE COPAS

CAPÍTULO XVI: LAS PROFECÍAS DE LAS SIETE COPAS DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO XVII: BABILONIA, LA GRAN PROSTITUTA

CAPÍTULO XVIII: LA CAÍDA DE LA GRAN BABILONIA

CAPÍTULO XIX: LOS CANTOS EN EL CIELO Y EL TRIUNFO DEL VERBO DE DIOS

CAPÍTULO XX: LOS MIL AÑOS Y EL ÚLTIMO JUICIO

CAPÍTULO XXI y CAPÍTULO XXII: LA NUEVA JERUSALÉN Y EL FINAL DEL APOCALIPSIS

LAS PROFECÍAS DEL FIN DEL MUNDO